Desde muy pequeño tengo grabada en la memoria una frase que me decía mi abuela:
«Hijo mío, primero la obligación y después la devoción.»
Tenía y sigue teniendo toda la razón, pero hoy, con todo el cariño del mundo, le voy a llevar la contraria.
El próximo 12 de agosto comienza la aplicación general del Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases.
Aunque algunas de sus disposiciones serán exigibles más adelante, esta fecha marca el inicio de una nueva forma de entender el packaging: ya no basta con fabricar un buen envase; también hay que poder demostrar que cumple la normativa.
Y aquí está mi discrepancia con mi abuela.
La obligación la tenemos. Pero, en este caso, creo que merece la pena cumplir por devoción.
Es decir, dejar de ver el Reglamento como una imposición para asumirlo como una forma de trabajar. Como parte de la cultura de empresa. Como un compromiso con nuestros clientes y con el entorno.
La nueva normativa europea supone un cambio importante en la forma de documentar el cumplimiento de los envases.
Si tu empresa utiliza packaging para comercializar sus productos, conviene empezar a trabajar con proveedores que estén preparados y que puedan ayudarte a:
- Aportar la documentación necesaria sobre la conformidad de los envases.
- Mantener la trazabilidad cuando resulte aplicable.
- Garantizar que cualquier modificación del envase no comprometa su cumplimiento.
- Facilitar la información necesaria ante auditorías o requerimientos de las autoridades competentes.
- Adaptar progresivamente las especificaciones de compra a los nuevos requisitos legales.
En Gambón, por supuesto, cumplimos con todas las obligaciones que nos corresponden como fabricantes.
Pero nuestro objetivo va un paso más allá.
Queremos ayudar a nuestros clientes a comprender la norma, a anticiparse a los cambios y a convertir una obligación legal en una ventaja competitiva.
Porque cumplir es obligatorio. Generar confianza es una decisión.
Y nosotros preferimos trabajar por devoción.